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La información reunida en esta bitácora está organizada por temas. 27/08/2005 fecha del primer post todo un tiempo construido palabra a palabra... Bienvenidxs
Norma Jara es Xelda45 la fusión de ambas aún está en proceso identitario...

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24 agosto, 2016

Guadalupe de Noche

Guadalupe de Noche de Josefina Trebucq me lo regaló un amigo muy querido Roberto Escudero —fallecido muy joven— que era compañero de estudios de Diseño Gráfico allá por los años 80.

Siempre me regalaba dibujos y cosas hermosas y, cuando estuve embarazada de mi primer hija (Jimena), me regaló este cuento (24-2-82) ... Las casualidades de la vida es que lo encontré entre fotos y recuerdos años después y a mi segunda hija le habíamos puesto de nombre Guadalupe, nunca sabremos si había quedado en nuestra memoria...Hoy volví a encontrarlo con las cartas y demás cosas que guardo de este amigo y creo que le viene muy bien regalarlo y rescatarlo para mi hija Guadalupe Achaga, con todo mi amor...

GUADALUPE DE NOCHE

"Estoy por asustarme.
No te vayas todavía
a tu cama, mamá..."

GUADALUPE, ¿sabes una cosa?
La noche se parece a un gran alfajor de chocolate con nueces. Todo asusta y parece lejano y hasta tus propios pies se pierden y tropiezan, sin acertar el camino.
La noche es una boca que se traga al sol.
Cuando llega, hasta los pájaros se duermen ocultando sus caras en la almohada,
para que la risa no vaya a escapárseles por la ventana, detrás de un pájaro que les
preste sus alas para irse muy lejos, muy lejos.
Hijita, cuando seas más grande, vas a entender cómo la noche puede existir
también adentro de tu cuerpo. Justo ahí donde tenemos el corazón,
ese señor que trabaja constantemente y a veces tiene hambre,
pero no de puré, ni de banana, sino de abrazos.
La noche en el corazón, también atemoriza.
Da frío. Aunque te pongas pullover...
seguís teniendo frío. Los padres la llamamos "estado de ánimo" y otras veces "crisis" o "fracaso" o "desengaño" o "duelo".
Pero no hay que asustarnos demasiado.
Hay que aprender a esperarla, sentaditos en el borde de la cama, con los ojos abiertos y si podés, sonriendo.
Y cuando llegue, tomarte suavemente de la mano de alguien.
Las manos de alguien, vas a ver, no faltan nunca cuando llega la noche.
Hay una mano al menos, invisible pero todopoderosa, que no te negará nunca su tibia palma, donde refugiarte. Es la mano de Dios, que es nuestro Padre.
Y además, la noche en el corazón, como toda oscuridad, acaba, con la primera luz del alba.
El alba es el por qué de la noche. Esta no existe porque sí, o porque no. Existe para dar a luz al alba.
¿Te acordás cómo la panza de la mamá fue creciendo y creciendo para que tu hermanito pudiera hacerse un lindo bebé?
¿Y cómo una mañana de primavera nació y lo pusimos juntas en la cuna?
Igual sucede con las noches.
Crece, redonda y amplia, para que el alba engorde. Hasta que llega un día, en que ya fuerte el alba, le hace cosquillas a la noche, y ésta se abre, de pura risa, en mil pedazos.
Entonces, en el corazón, la mañana brilla, sin prisas y sin pausa, como un barrilete transparente recién comprado.
Por eso, cuando lleguen tus noches, Guadalupe,
no las dejes pasar entre estornudos y temblores.
Ponte los zapatos blancos y recíbela con aplausos.
Es la otra cara del sol, es su revés, su sombra, es la parte de adentro de la bolsa de compras.
Y a pesar de su cara, que no gusta, es una amiga amable y subterránea.

20 julio, 2016

Estampas anticuadas


Cuando el mundo tenía los mismos valores antes que todo se cuestionara, se defenestrara y se vanalizara...

  • El hombre de la bolsa existía para los chicos que se portaban mal y no tomaban la sopa todos los días. La sopa era para crecer sanos.
  • El policía era bueno y ayudaba la gente cuando estaba en problemas y nos protegía.
  • La maestra era muy importante y nos enseñaba muchas cosas para aprender cuando fuéramos grandes. Había que respetarla.
  • Los padres nos cuidaban y nos mantenían para que creciéramos sanos, honestos y fuertes. Hasta que uno no era grande que trabajara y ayudara en la casa debía obedecer porque ellos nos daban la vida y nosotros teníamos la culpa jajaja
  • Un coscorrón o un cachetazo era para que fuéramos buenos y aprendiéramos el significado del No. Y ese NO era porque soy tu padre/madre.
  •  Cuando un varón podía trabajar y ganarse un pesito ya era grande (12 o 14 años) ayudaba al papá cuando no tenía que estudiar. Aprendían a proveer. 
  • Una mujer ayudaba en la casa, ya fuera porque la mamá trabajara o no, pero las nenas debían ayudar con la limpieza, los mandados y estudiar si querían ser "alguien".
  • Una nena era mujer cuando se "hacía señorita" por lo cual eran mayores las obligaciones porque era grande y, algún día, se iba a casar, trabajar y llevar una casa. Detentoras de la Familia.
  • Cualquier persona que trabajara dentro de la estructura familiar y aportara a la economía, recién ahí era "alguien" para poder discutir u opinar.
  • Existía la mesa de los chicos y la mesa de los grandes cuando había reuniones familiares.
  • Cuando hablaban los mayores los chicos no opinaban.
  • Los abuelos, tíos o cualquier pariente o vecino de edad eran los mayores y merecían respeto porque eran viejitos y decían cosas que había que escuchar y no necesariamente entender pero ellos habían vivido y sabían.
  • Todo se cuidaba y se guardaba. Se cuidaba la luz, el gas, el agua (apagá la luz, cerrá la canilla, no hables por teléfono, no dejes abierta la tapa, todavía tiene dalo vuelta o agregale agua). Este jaboncito aun sirve. Para qué lo vas a tirar dáselo a los pobres.
  • La ropa se arreglaba una y otra vez, agrandalo, achicalo, ponele un ruedo, hacele un cuello, etc.
  • Se guardaban los corchos, las tapitas, las gomitas, el tornillo, un pedacito de alambre, por ahí sirve.
  • La comida no se tiraba y todo se hacía, se preparaba, el pedacito de pan antes de tirar a la basura se daba un besito: "porque es de Dios y tanta gente pobre le hace falta".
  • Si te portabas mal Dios te va a castigar.
  • El médico era una eminencia de sabiduría que siempre te mejoraba y sino te morías porque era la voluntad de Dios. (no existía la mala praxis).
  • Si un chico era caprichoso, terrible, tonto, abúlico o cualquier anomalía o lo cagabas a coscorrones, penitencias o era un bueno para nada pero no existía tgd y todas las cosas que hay ahora.
  • La autoridad y los límites eran sinónimo de orden, amor y familia y nadie la cuestionaba porque "cuando uno fuera grande y una persona de bien", recién en ese momento, podía hacer su vida.
  • Dar la cara era la única forma para conseguir algo, pedir algo, reclamar algo porque no había otra forma. O sea que éramos sociables y frontales porque no existía el email o el mensaje de texto.
  • Hablar bien, escribir bien era importante porque comunicarse, hacerse entender y establecer compromisos era la única forma de lograr cosas en la vida.
  • Las fotos eran cosas muy valiosas como los libros. No todos tenían acceso a una cámara de fotos o a comprar libros, salvo que fueras estudioso o pudieras comprarlos, o sino los ibas a buscar a la biblioteca barrial y debías cuidarlos.
  • Uno iba a visitar a los amigos, algunos podían llamar por teléfono pero no hablar mucho porque era caro. Y sino te ibas al correo comprabas la estampilla, el papel y el sobre y escribías una carta. Buscabas un buzón y rezabas que pasara el cartero y depende qué estampilla comprabas llegaba a los 2 días o a los 6 meses jajaja. Por eso era más fácil tocar un timbre o ir a visitar a las personas.
En fin... no creo que fuera tan difícil y durante siglos salimos mejor. Y de última.... los psicoanalistas que uno se pagaba siendo una persona de bien solucionarían los conflictos pero mientras ya teníamos 30 o 40 años y una vida hecha...

07 junio, 2016

Cuidado con el Desaliento


Cuenta la historia que un día, el diablo decidió retirarse de su actividad y vender sus herramientas al mejor postor. Cuando llegó la noche de la venta, tenía preparado todo su material, que por cierto, era un lote siniestro: ODIO, CELOS, ENVIDIA, MALICIA, ENGAÑO... y todo lo malo que puedas imaginar.

De entre todas las herramientas había una muy gastada, como si hubiese sido usada muchísimas veces. Sin embargo, era más cara que el resto de las herramientas. Alguien le preguntó al diablo, cual era esa herramienta tan cara.

"DESALIENTO" fue la respuesta.

¿Por qué su precio es tan alto?, siguió preguntando.

Porque esa herramienta, respondió el diablo, es la más útil de todas, con ella puedo entrar en la conciencia de las personas y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje. Está muy gastada, porque la uso con casi todos los seres de este mundo.

A pesar de la explicación y de ver la gran utilidad de esa herramienta, nadie la pudo comprar, porque el precio del desaliento era muy alto. Esa es la razón por la que aún sigue siendo propiedad del diablo.

El desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cual es indispensable fortalecerse.

Nos desalentamos con las situaciones económicas, laborales, familiares, con el fracaso, con el engaño, con la mentira, con el desamor...

Debemos mantenernos alertas contra el desaliento. Si hay un tropezón o una caída no hay que rendirse. Cada día podemos empezar otra vez desde el punto más alto.

"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”
San Francisco de Asís
Fuente

15 mayo, 2016

Bolsas


Hay pequeños detalles que están insertos en nuestra historia. Las bolsas conviven con nosotros desde que, el humano, de mono se convirtió en hombre.
Siempre existe algo valioso y necesario que debemos llevar con nosotros. Bolsas pesadas, pequeñas, grandes, livianas, de cuero, de tela, de plástico, pero siempre hay bolsas.
Algunos las arrastran, otros las portan en sus brazos, en su cabeza, en sus hombros. El llevar bolsas necesita de equilibrio pero, en la mayoría de los casos, se necesita fuerza.
Cuando somos jóvenes llevamos muchas bolsas y las podemos sostener con nuestros brazos, aunque nuestras manos se lastimen, trasladamos pañales, comida, ropa de la lavandería, la mochila de nuestros hijos...
Cuando somos viejos ya los brazos (o los hombros) no nos resisten y empezamos a llevar changuitos... Changuitos llenos de bolsas.
Bolsas que nos acompañan mucho más que una estructura familiar, que los amores de nuestras vidas, los hijos y las mascotas. Todas los pequeños y grandes lazos que nos aferran a los afectos, a sentirnos queridos, al dar y recibir.
Pero la anónima bolsa está siempre en cualquier gran festejo o en la compra diaria y escueta que un viejo puede trasladar.
Con los años las bolsas se hacen más livianas, al quedarnos solos y olvidados, ya no es necesario hacer tanta compra todo comienza a achicarse y alivianarse... como nuestros huesos...
Y uno entonces empieza a poner en bolsas lo que no sirve, lo que ya no usamos, lo que ya no nos importa, lo que necesitan los demás...
Las bolsas que necesitamos aferrarnos para subsistir son inversamente proporcional a las bolsas que tiramos. ¿Por eso hoy el mundo tira cada vez más basura? Necesitamos adquirir productos cada vez más grandes y más ostentosos que vienen en cajas enormes que protegen ese "valioso" objeto que, cuando uno termina de desembalar o desenvolver, es más lo que se tira que lo que se obtiene y, quizá por ese tonto y consumista motivo, buscamos necesitar cada día más y olvidamos disfrutar...
Bolsas de cosas, bolsas de basura, embolsar la ropa de invierno, bolsas...
A veces guardamos miles de bolsas por si hacen falta y a veces tiramos esas miles de bolsas para reemplazarlas por nuevas bolsas.
Nacemos en una bolsa y en las morgues terminamos en bolsas también.
Hay días festivos o recordatorios para tantas cosas pero jamás nadie advirtió la importancia y compañía, desde toda la historia, de las bolsas.
En las huidas, en las guerras, en la desolación más absoluta y desesperada, la mayoría de las personas se aferrará a una bolsa, quizá como único símbolo de lo que deja atrás o donde traslada la esperanza de lo que puede comenzar a vivir...
Antes, para educar a los hijos, se los asustaba con el hombre de la bolsa, personaje fantástico que podía llevarse a ese niño desobediente y rebelde o llevarse ese objeto atesorada que egoístamente no queríamos ceder a un hermano.
Hoy, el paisaje más maravilloso e inhóspito de la tierra estará inundado de bolsas, en el mar, en la tierra, en la playa. Bolsas...
Quizás esas bolsas, mudas, necesarias e ignoradas, busquen finalmente un reconocimiento.
Y hoy las bolsas de plástico perdurarán en el planeta cuando nosotros seamos ceniza...
Algunos vemos el mundo desde otra perspectiva y cuanto menos bolsas llevamos empezamos apreciar los detalles que los demás ya no perciben sino aparece en un canal de noticias, un televisor o un celular.
Cuando un viejo muere, los parientes se reúnen para poner en bolsas toda una vida. Algunas bolsas irán a la iglesia o al pariente pobre o al pariente nostálgico que querrá llevarse algo (luego de repartir las cosas valiosas entre discusiones, recriminaciones y reproches varios) la gran mayoría irá en bolsas a la basura.
Espero no dejar demasiada bolsa porque en todos mis años intenté trascender de muchas más formas, incluso he dado bolsas de amor, de amistad, de fuerza, de confianza, aunque pocos lo adviertan.
Mi homenaje a las bolsas de la historia, del mundo, a todas las bolsas que he sostenido y todas las bolsas que he abandonado en mi camino....

06 mayo, 2016

No alcanzó...


Había una vez, hace muchos muchos años, una niña que era feliz. Regordeta, charlatana, curiosa, bailarina y que hacía divertir a los mayores.
Una niña muy parecida a su papá, su orgullo "jarita" le decía que, en algún momento, se peleó con su mamá y desapareció...
Una niña que tenía un hermano menor que debía cuidar porque era la mayor y, ahí, comenzó su camino de obligaciones, donde la fantasía empezó a dejar de compartir su día y día, donde comenzaron a llenarla de etiquetas difíciles de entender y aceptar: ya sos grande, no grites, no hables, no juegues, no toques, no saltes, no... no...
Una niña que le gustaba dibujar, aprendió a hacerlo con su mamá en su atelier, donde de los garabatos salían nenas, nenes, soles, nubes y payasos.
Descubrió que las nubes entrañaban figuras, que las gotas de rocío se escondían en los pétalos de las flores, que había frutillas silvestres, que había tréboles de 4 hojas y que las violetas eran flores hermosas y sencillas, que las aves cantaban y que los colores inundaban todo el planeta.
Y, un día, aprendió a leer y allí descubrió un mundo fascinante que la alejaban de la tristeza, del abandono, de la falta de afecto y de las obligaciones incomprensibles de ser una "nena grande", de que "su mamá tenía que trabajar para mantenerlos" y donde las etiquetas seguían creciendo sos torpe, sos bruta, sos egoísta, sos soberbia, sos contestadora, sos olvidadiza, sos demasiado pesada, sos demasiado cariñosa....
Esa niña se encerró en su mundo de dibujos y de literatura donde había princesas, dragones, caballeros y también había brujas, niños abandonados. Sí, también había tristeza pero no eran en su mundo eran en otros países lejanos.
Esa niña comenzó a ir al colegio a aprender y era muy buena alumna porque entendió que había un mundo mucho más grande que uno debía entender y pertenecer y tratar de ser BUENA porque si uno era MALO mayores problemas sobrevendrían en su vida.
Y esa niña dibujaba "pavadas", ensuciaba su ropa, sus manos y leía "perdiendo el tiempo en vez de asumir obligaciones", estudiaba para "ser alguien en la vida porque yo no te voy a mantener siempre", ayudaba en la casa "porque sos la mayor", pensaba cosas "siempre distraída". Y las etiquetas crecían o se resignificaban: muy habladora, dibuja en clase, es inteligente, es buena alumna, es rebelde, es desprolija, es sucia, es gorda, es sociable, contestadora, etc.
Esa niña una vez empezó a crecer y el mundo de fantasía —los veraneos con su abuela en el Delta donde todo era una selva de Emilio Salgari— comenzó a no alcanzar. "Ya sos señorita" cuando se indispuso y todo pasó a ser catastrófico.
Esa adolescente (fea y miserable época) leía clásicos, filosofía, historia y política, pero necesitaba creer en el amor. Se veía fea, rara, conflictiva y distinta. Pero trato de parecer y pertenecer a veces con buenos resultados y otras veces con fracasos.
La facultad, los hombres, el sexo, trabajar, tener su dinero, entender la libertad en un gobierno de facto, en donde todo era malo, prohibido y peligroso.
El amor se buscaba en la revista Para Tí y el orgasmo era un culto prohibido donde había que descubrir, bajo acierto y error, porque eran tierras recién descubiertas para una mujer; aunque las viejas y seguras consignas de ser obediente, servicial y BUENA era la única clave para SER ALGUIEN en el mundo.
Poco importaba qué necesidades tuvieras o sintieras sino que, ser igual a los demás, era fundamental si uno quería tener un novio o saber qué era un primer beso (ni hablar de tener un buen sexo o conocer un orgasmo, eso era un camino aún vedado para la mujer, era territorio de hombres que te iban a EDUCAR para darles placer, el recibirlo nosotras corría por cuenta propia si lograbas descubrir la ecuación).
Primero era la familia y después cualquier tipo de prioridad o necesidad, dibujar de a ratos pero aprender un trabajo rentable, y saber cocinar, limpiar, amasar y pintarse las uñas. Las etiquetas crecieron: sos rara, sos loca, sos desprolija, no sabes hacer nada, sos torpe, sos ciclotímica, sos tonta, sos idiota, sos gorda, roñosa, sos un desastre para la casa, para el dinero, no sos una buena madre, o sos una madre rara, una amiga divertida, una amiga buena, una mujer infantil, etc
Había etiquetas viejas, etiquetas nuevas, etiquetas recreadas, etiquetas...
No alcanzó para nada, terminé confundiendome y sintiendo que era muchas personas y no sabiendo quién era yo. Pasé años tratando de que me entendieran o de que por lo menos me entendiera el terapeuta...
La casualidad, que todo mi mundo, todos mis afectos, todo lo que me rodea me demandó, me etiquetó, me trató de conocer y entender pero nadie fue a terapia, sólo fui yo asumiendo la culpa de ser diferente y de no encajar ni lograr alcanzar la demanda de los demás "que me querían tanto y querían lo mejor para mí".
Hoy miro a mis nietos, almas puras y veo como "desde el amor" empiezan a pegarles etiquetas que a lo mejor no son las reales de su esencia.
Hoy miro para atrás y veo el tiempo que perdí en intentar que me respetaran y que me quisieran por lo que soy. Pero, en definitiva, quién soy?
Soy lo que quisieron los demás y que no alcancé a aprobar materia alguna "desde el amor" o soy solamente esta mujer callada, aislada, llena de miedo y fragilidad que le gusta pintar, pensar y leer. Que sigue descubriendo y viendo cosas distintas a los demás y que ya no intenta encajar en la vida de nadie y mucho menos de la sociedad.
Y, sin embargo, me buscan para que ocupe lugares que ya el trajecito me queda demasiado grande (o chico) y ahora "debo pensar en mi vejez", "en mi salud"...
El tiempo, la vejez, la muerte, la soledad tienen para mí una sinfonía extraña en donde no me preocupan y que a veces convoco como compañeros de camino.
Me duele la nostalgia, la memoria, el pasado, me torturan las etiquetas, el "no alcanzó", la postergación, la pena, la culpa que cada uno de los que "quisieron y quieren lo mejor para mí" me depositaron en mi vida y en mi alma.
Algunos ya me ignoran, "complicada", "retorcida", "resentida", "vieja y llena de fantasmas"... Siempre hay alguna nueva etiquetita para adherir...
Y yo sigo dibujando, pensando, escuchando y viendo las gotas de rocío en los pétalos de la flores o disfruto el canto de las aves mientras trato de descubrirlos entre la hojarasca a ese pájaro que ilumina un pequeño instante de mi vida... como aquella niña.
La niña sobrevivió o uno siempre es un pobre niño maltratado desde el amor y la OBLIGACIÓN de pertenecer a algo, a alguien...
Mi consigna en el ahora es: yo pienso, yo soy y luego existo. Yo, la peor de todas.

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