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Guadalupe de Noche

Guadalupe de Noche de Josefina Trebucq me lo regaló un amigo muy querido Roberto Escudero —fallecido muy joven— que era compañero de estudios de Diseño Gráfico allá por los años 80.

Siempre me regalaba dibujos y cosas hermosas y, cuando estuve embarazada de mi primer hija (Jimena), me regaló este cuento (24-2-82) ... Las casualidades de la vida es que lo encontré entre fotos y recuerdos años después y a mi segunda hija le habíamos puesto de nombre Guadalupe, nunca sabremos si había quedado en nuestra memoria...Hoy volví a encontrarlo con las cartas y demás cosas que guardo de este amigo y creo que le viene muy bien regalarlo y rescatarlo para mi hija Guadalupe Achaga, con todo mi amor...

GUADALUPE DE NOCHE

"Estoy por asustarme.
No te vayas todavía
a tu cama, mamá..."

GUADALUPE, ¿sabes una cosa?
La noche se parece a un gran alfajor de chocolate con nueces. Todo asusta y parece lejano y hasta tus propios pies se pierden y tropiezan, sin acertar el camino.
La noche es una boca que se traga al sol.
Cuando llega, hasta los pájaros se duermen ocultando sus caras en la almohada,
para que la risa no vaya a escapárseles por la ventana, detrás de un pájaro que les
preste sus alas para irse muy lejos, muy lejos.
Hijita, cuando seas más grande, vas a entender cómo la noche puede existir
también adentro de tu cuerpo. Justo ahí donde tenemos el corazón,
ese señor que trabaja constantemente y a veces tiene hambre,
pero no de puré, ni de banana, sino de abrazos.
La noche en el corazón, también atemoriza.
Da frío. Aunque te pongas pullover...
seguís teniendo frío. Los padres la llamamos "estado de ánimo" y otras veces "crisis" o "fracaso" o "desengaño" o "duelo".
Pero no hay que asustarnos demasiado.
Hay que aprender a esperarla, sentaditos en el borde de la cama, con los ojos abiertos y si podés, sonriendo.
Y cuando llegue, tomarte suavemente de la mano de alguien.
Las manos de alguien, vas a ver, no faltan nunca cuando llega la noche.
Hay una mano al menos, invisible pero todopoderosa, que no te negará nunca su tibia palma, donde refugiarte. Es la mano de Dios, que es nuestro Padre.
Y además, la noche en el corazón, como toda oscuridad, acaba, con la primera luz del alba.
El alba es el por qué de la noche. Esta no existe porque sí, o porque no. Existe para dar a luz al alba.
¿Te acordás cómo la panza de la mamá fue creciendo y creciendo para que tu hermanito pudiera hacerse un lindo bebé?
¿Y cómo una mañana de primavera nació y lo pusimos juntas en la cuna?
Igual sucede con las noches.
Crece, redonda y amplia, para que el alba engorde. Hasta que llega un día, en que ya fuerte el alba, le hace cosquillas a la noche, y ésta se abre, de pura risa, en mil pedazos.
Entonces, en el corazón, la mañana brilla, sin prisas y sin pausa, como un barrilete transparente recién comprado.
Por eso, cuando lleguen tus noches, Guadalupe,
no las dejes pasar entre estornudos y temblores.
Ponte los zapatos blancos y recíbela con aplausos.
Es la otra cara del sol, es su revés, su sombra, es la parte de adentro de la bolsa de compras.
Y a pesar de su cara, que no gusta, es una amiga amable y subterránea.

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